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¿Por qué algunas personas responden mejor al entrenamiento que otras? Genética, hábitos y estilo de vida

¿Por qué algunas personas responden mejor al entrenamiento que otras? Genética, hábitos y estilo de vida

Equipo PROIRON |

Seguro alguna vez te ha pasado: entrenas con una amiga, tu hermano o alguien del gimnasio y notas que él o ella progresa más rápido. Quizá aumenta fuerza en menos tiempo, gana músculo más fácilmente o mejora en cardio sin tanto esfuerzo. A primera vista parece injusto, pero hay razones claras detrás de estas diferencias.

No todo se explica por la genética, aunque sí tiene un rol importante. También influyen los hábitos, el descanso, el nivel de estrés, la alimentación y hasta el historial deportivo previo. Entender esto ayuda a tener expectativas realistas y dejar de compararse con otros.

Este artículo busca aclarar por qué cada cuerpo responde de manera distinta y cómo puedes optimizar tu propio proceso para progresar mejor.

La genética sí influye, pero no es todo

La genética determina muchos factores relacionados al rendimiento físico, como:

  • Composición de fibras musculares
  • Tendencia a acumular o perder grasa
  • Capacidad cardiovascular base
  • Nivel natural de fuerza o coordinación

Por ejemplo, algunas personas tienen mayor porcentaje de fibras musculares tipo II, que favorecen la fuerza y potencia. Otras tienen más fibras tipo I, ideales para resistencia. Esto explica por qué un mismo estímulo puede generar respuestas diferentes.

Pero la genética no decide tu resultado final, solo tu punto de partida. Hay estudios que muestran que incluso personas consideradas “mal respondedoras” logran mejoras claras cuando ajustan entrenamiento, descanso y nutrición.

El entrenamiento previo deja huella

Si alguien entrenó en su infancia, hizo deportes en el colegio o estuvo activo en algún periodo de su vida, su cuerpo conserva adaptaciones. Esto incluye coordinación, fuerza neuromuscular y algo llamado memoria muscular. Por eso algunas personas “vuelven al nivel” más rápido después de una pausa.

Si alguien está empezando desde cero, su proceso será más lento al inicio, pero eso no significa menor potencial.

Hábitos: donde realmente se marcan las diferencias

Aquí la mayoría pierde ventaja. Hay tres áreas clave:

  1. Descanso
    El sueño es determinante para recuperar tejido muscular, regular hormonas y mantener energía. Quien duerme poco progresa más lento, aunque haga la misma rutina.
  2. Alimentación
    Dos personas pueden hacer el mismo entrenamiento, pero si una consume suficiente proteína y calorías adecuadas, verá cambios antes.
  3. Estrés
    El estrés crónico afecta la recuperación, altera el sistema nervioso y disminuye la capacidad de progresión.

No es solo entrenar fuerte: es permitir que el cuerpo se recupere.

Estilo de vida: movimiento fuera del entrenamiento

Una persona que camina mucho, usa escaleras o tiene un trabajo activo acumula gasto energético diario. En cambio, alguien que entrena pero permanece sentado todo el día puede quemar menos calorías totales. Ese factor influye especialmente en la composición corporal.

Aquí entra en juego un consejo simple: aunque entrenes en casa, intenta sumar movimiento diario. Un accesorio útil para esto es la cuerda de batalla PROIRON: permite sesiones cortas pero intensas de cardio y fuerza, ideal para aumentar gasto calórico y mejorar la condición general.

Personalidad, motivación y consistencia

Hay quienes disfrutan entrenar y lo convierten en un hábito más rápido. Otros necesitan más planificación o apoyo externo. La constancia suele pesar más que el talento.

Progresan más quienes:

  • Registran su avance
  • Ajustan cargas de forma progresiva
  • Siguen un plan, no entrenan al azar
  • No abandonan al primer estancamiento

Entonces, ¿es posible mejorar aunque mi genética no sea “ideal”?

Sí. La clave es optimizar lo que sí puedes controlar:

  • Dormir suficiente
  • Comer acorde a tu objetivo
  • Registrar tu progreso
  • Ajustar carga e intensidad a tu nivel
  • Mantenerte constante, aunque sea con poco tiempo

Muchas personas con genética promedio superan a quienes tienen condiciones “favorables” porque aplican estrategia, disciplina y paciencia.

Compararte con otros casi nunca es útil. No todos parten del mismo punto ni viven bajo las mismas condiciones. En vez de preguntarte por qué alguien progresa más rápido, pregúntate:

¿Qué puedo ajustar yo para progresar mejor?

Cada cuerpo responde distinto, pero todos pueden mejorar con el enfoque correcto. Tu avance depende menos de tu genética y más de tus decisiones repetidas día a día.

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